September 1st, 2014 – sostenibilidad, turismo

Pongamos un límite al número de turistas en una ciudad

Este Agosto he viajado por el norte de Europa y he descubierto como Brujas es una ciudad totalmente distinta de noche (cuando los autobuses de turistas se han ido) que de día. He disfrutado mucho más de Delft que de Amsterdam con todo su turismo de borrachera y drogas. Me enamoró mucho más Hoorn (no hay casi turistas) que Volendam (un paseo marítimo lleno de tiendas para turistas).

Nuestro sistema capitalista nos hace ir siempre a por más. Estos días podemos leer como han venido un 7% más de turistas a España hasta Julio respecto al año pasado. Eso es bueno, ¿o no? También podemos leer en las noticias el pique entre el aeropuerto de Barajas y el Prat por ver quien es el líder. Cuántos más turistas mejor, ¿o no? Los puertos se pelean y se amplian por conseguir más cruceros. Las ciudades y regiones hacen campañas mundiales para atraer a turistas. Los pueblos intentan atraer con excursiones de un día a los turistas que van a las ciudades grandes de alrededor. Cuánto más gasto, mejor será la economía, ¿o no?

¿Qué buscamos cuando viajamos?

Cada uno de nosotros somos distintos. Unos buscan sitios de descanso y otros sitios de diversión. Lo que yo suelo buscar es descubrir otras formas de vivir, otras formas de comer, otras formas de organizar las ciudades, otras formas de ser de las personas... Para eso necesito que el sitio que visito se mantenga puro a su esencia, que no se desvirtúe con cientos de tiendas de chocolate para vender a turistas (Bruselas o Brujas) o cientos de tiendas de souvenirs. Necesito que la mayoría de la gente que vea por la calle sean locales. Necesito que los restaurantes sean donde van los locales.

Quiero conocer la Venecia, la Barcelona, la Brujas y el Toledo local. No quiero conocer la Bruselas, el Volendam, el Amsterdam o el Maastrich turística. Y creo no equivocarme en afirmar que la gran mayoría de viajeros y los ciudadanos de esas ciudades estarán de acuerdo conmigo tal y como se ven estos días en las protestas de Barcelona contra el libertinaje de los turistas.

Estoy diciendo que quiero visitar otras ciudades y pueblos, pero no quiero tener a miles de turistas alrededor. Eso es contradictorio o quizás quiero ser un privilegiado. Igual que yo, hay millones de personas que quieren descubrir otras culturas. ¿Cómo juntamos esos deseos? Tiene que haber un equilibrio.

Pongamos un límite al turismo

Si estamos de acuerdo en que demasiados turistas desvirtúan una ciudad, la degradan y cambian el centro para que los turistas y no los locales sean dueños de él, ¿por qué no limitamos el número de turistas?

Ecuador ya lo hace con las Galápagos, Hong Kong lo está pensando hacer, el Reino Unido lo está pensando en implantar en la Antártida, China lo hizo en la zona histórica de Dengfeng, en España ya hace años se cerró el acceso a las cuevas de Altamira e incluso Buñol lo tuvo que hacer el año pasado con la Tomatina.

Al final un pueblo o una ciudad se puede degradar tanto como un paisaje natural, un monumento o unas cuevas. Y no solo hablo de destrucción física, si no del ambiente, de la experiencia de descubrir otra ciudad, de la comida e incluso de los olores de una ciudad.

¿Cómo se puede limitar?

Se pueden reducir los cruceros, los aviones, los autobuses que pueden ir a un pueblo de alrededor, las plazas hoteleras. Se puede poner city taxes en los hoteles (dismunuir la demanda al ser más caro). Se pueden limitar los apartamentos turísticos (Airbnb incluido). Se puede dar menos libertad para poner tiendas turísticas en el centro (intentando que haya más diversidad). Se puede controlar la publicidad exterior de tiendas y restaurantes para que no sea abusiva y el pueblo siga siendo medieval en vez de un festival de carteles y colores.

El problema merece una reflexión

Creo que las personas responsables del turismo de cada zona turística deben reflexionar sobre este tema. Ya sé que la crisis todavía aprieta y hay que sacar ingresos de donde se pueda, pero hay que tener mucho cuidado de siempre pensar a largo plazo, porque si no, nos quedaremos sin la esencia de nuestras ciudades y sin turistas.

Una recomendación: si vais a Venecia o Amsterdam, huid de los canales principales y alejaros de la gente. Descubriréis la verdadera Venecia y Amsterdam. Me lo agradeceréis.

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